Existe el derecho legítimo a protestar y expresar desacuerdo frente a cualquier conflicto. Pero ese derecho no justifica banalizar el Holocausto.
La entrada de Auschwitz no es una escenografía de protesta. Es uno de los símbolos más dolorosos del accionar de la maquinaria de exterminio nazi y del asesinato de seis millones de judíos.
La memoria del Holocausto merece respeto. No debe instrumentalizarse para ninguna causa política.

