El Ministerio de Exteriores de Israel ha publicado listas de supuestos periodistas palestinos que en realidad eran terroristas de Hamas y la Yihad Islámica camuflados como miembros de la prensa.
Un chaleco de prensa comprado en Temu o AliExpress y un carnet impreso en un túnel de Hamas no convierten a nadie en periodista, ni le dan inmunidad en tiempos de guerra.
Quien se planta frente al ejército israelí con cámaras o transmite desde minaretes de mezquitas y torres es identificado como parte de los servicios de inteligencia del enemigo y, según los Acuerdos de Ginebra, es un blanco legítimo.
Pero lo realmente grave es constatar quiénes estaban contando nuestra historia, quiénes narraban lo que pasaba en Gaza, y a quiénes los medios internacionales les otorgaban credibilidad y un altavoz gigantesco.
Una DESINFORMACIÓN proporcionada por terroristas integrados en la maquinaria propagandística y operativa de Hamas. Usar el periodismo como cobertura no los hace inmunes: los expone como lo que realmente eran.
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